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El kitsch, un estilo fruto de la clase media
El kitsch es algo más que un movimiento decorativo. No existe ninguna
palabra en castellano que sea sinónimo de este término
de origen alemán. Lo que encierra el significado de esta
palabra es una expresión artística que surge de la necesidad
de expresar la felicidad de una clase media sin grandes metas intelectuales.
Lo kitsch se limita a buscar el placer por la ostentación
y por el derroche de formas y colores. Fruto del consumismo,
esta tendencia está totalmente en contra de lo funcional.
La moda kitsch en la decoración no ha aparecido como un hecho
aislado y tampoco es un fenómeno de ahora, aunque hay que reconocer
que en este momento se encuentra en la cresta de la ola, sobre todo, por
cierto 'revival retro'.
Sólo
hay que mirar a nuestro alrededor para comprobar que las formas aparatosas
y complicadas vuelven: lo ochentero regresa con más fuerza que
nunca. El kitsch aporta todo su colorido a nuestras grises ciudades y
los interiores de algunas casas. El color
vuelve a nuestras vidas para alegrarlas.
Los principios del kitsch
Según
Abraham Moles en su obra 'El Kitsch, el arte de la felicidad', este estilo
"no es un fenómeno denotativo, semánticamente explícito;
es un fenómeno connotativo, intuitivo y sutil". Las mesas
de centro llenas de figuritas sin ninguna relación entre
ellas, violetas sobre fondos dorados... Una amalgama de formas y colores
difícilmente combinables y nada aconsejadas por el buen gusto.
Antónimo de lo funcional y absolutamente autocomplaciente, el kitsch
se presenta como un estilo democrático y más
industrial que artesanal o folclórico.
Es
frecuente encontrar en estas casas cientos de recordatorios de
eventos familiares como comuniones, bodas y bautizos combinados
con los adornos más vanguardistas. No hay nadie más kitsch
que un ama de casa de clase media y, seguramente, son
las mayores propulsoras e inventoras de esta forma de decoración.
Pero, ¿de dónde nace este sentimiento y esta necesidad de
guardar y utilizar estos recuerdos? En el caso de las amas de casa, este
sentimiento parece surgir de la imperiosa necesidad de hacer presentes
los recuerdos del pasado.
Los
elementos ornamentales kitsch podemos encontrarlos en las tiendas de 'Todo
a cien': elefantes lilas, flores fosforescentes, vírgenes y santos.
Pero este fenómeno podemos encontrarlo también en galerías
de arte en las que las obras expuestas, ya sean escultóricas
o pictóricas, logran saciar las necesidades culturales de muchos.
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Las
líneas curvas llenas de objetos cumplen con el gran principio del
kitsch: la ornamentación a ultranza. El colorido
no entiende de la simplicidad, de colores negro y blanco, y prefiere los
colores vivos y contradictorios. Rojos, rosa, lilas y violetas son las tonalidades más predominantes. Los materiales empleados
con más asiduidad para la decoración de estancias suelen
ser imitaciones de otros más costosos: cerámica y plásticos
que simulan mármol, zinc que pretende ser bronce... Tampoco está
en la naturaleza del kitsch mantener el tamaño natural de lo representado,
por el contrario existe una permanente tendencia a la distorsión
de los objetos en función de la decoración, ya
sea una pintura a la medida del muro, un teléfono con forma de
manzana o un edificio con forma de teléfono.
Grupos de objetos kitsch
Imaginemos
una chimenea abarrotada de pequeñas figuritas de distintos estilos, materiales y procedencias. En este espacio las figuras
se amontonan de manera incontrolada y exagerada: no se trata entonces
sólo de una falta de conexión entre la temática y
origen de la figuras, sino de una especie de invasión del espacio
de cada una de las figuras. Eso es kistch.
El
verdadero kitsch no es realmente intencional, sino que se da con el tiempo.
El hecho de que esta corriente se haya puesto tan de moda ha provocado
la obsesión de algunos fans de lo kitsch por conseguir crear ambientes
que sigan sus directrices. El problema es que el amontonamiento de objetos
no se busca, es el paso de los años lo que hace
que esos recuerdos tengan que ser almacenados en algún rincón
de la casa. Ése es el encanto de esta tendencia. Los objetos no
carecen de atractivo individualmente, pero el conjunto siempre parece
dañar las leyes de la continuidad y del buen gusto.
Combinación de lo sagrado y lo profano
Una de las premisas de esta tendencia es la combinación de objetos
decorativos de las procedencias más diversas. A menudo es posible
encontrar el tema religioso reflejado con unas estampitas, santos, calendarios
trinitarios, cristos combinados son algunas de las piezas más frecuentes
del kitsch religioso. Pero este tipo de kitsch no es
sólo propio de hogares, sino que también podemos encontrar
manifestaciones kitsch religiosas en lugares como iglesias y cementerios:
flores artificiales, fotos de porcelana, rejas blancas y retorcidas.
A
todo esto le podemos añadir el gusto por elementos retro,
tanto dibujos animados, manga, series de televisión de los setenta,
iconos como el conejito de 'Playboy' y otros presentes en la cultura pop
y el cine, tapicerías de imitación a leopardo
el minimalismo
y la sencillez de formas son características opuestas a este estilo.
¿Quién es el verdadero culpable de la aparición
del kitsch? La globalización, las fortunas hechas de manera rápida,
el síndrome del comprador compulsivo... muchos son los causantes
pero, sea cual sea el motivo de su nacimiento, el kitsch ha llegado a
nuestras vidas para aportarnos un toque de exageración
y fantasía.
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Redacción/Facilisimo.com |