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Un mueble de entrada da paso a las escaleras. Un precioso jarrón azul reposa encima del mismo. En este sentido, observamos cómo es posible dotar a los ambientes de nuestro toque particular con un simple objeto decorativo.
Subiendo por la escalera, nuestros ojos van a parar a dos objetos: un tapiz en tonos rosas y marrones que preside la subida al primer piso del pazo y una lámpara con originales tulipas en madera.
El recibidor del primer piso está decorado de manera sencilla y rústica. Se sigue la tónica habitual de colocar sobre los muebles oscuros un jarrón llamativo, además de un espejo y varios cuadros.
Y por fin conocemos las habitaciones, que contienen todos los ingredientes para pasar una noche inolvidable. La luz se refleja en un espejo de pie y se reparte por toda la estancia. Las cortinas siempre son estampadas y en tonos pastel.
Todos los muebles son de corte tradicional. Un ejemplo magnífico es este armario de dos cuerpos y dos cajones, que conserva la estructura de los de la época en que el pazo fue construido.
La habitación que comunica con la capilla ofrece al huésped este original escritorio de sobre estrecho. A pesar de sus reducidas dimensiones, cumple la función estética para la que ha sido destinado.
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